En 2026 la dinámica inflacionaria en España ya no puede analizarse sin incorporar el cambio de régimen monetario iniciado por el Banco Central Europeo en 2022–2024. Tras el ciclo de subidas de tipos más agresivo desde la creación del euro, la inflación general ha moderado su ritmo, pero el IPC subyacente continúa mostrando rigideces estructurales.
El BCE llevó la tasa de depósito a niveles restrictivos superiores al 4 %, buscando anclar expectativas y frenar efectos de segunda ronda. Aunque en 2025 comenzó una fase gradual de recortes, el tono monetario sigue siendo contractivo en términos reales. El foco ahora no está en la inflación energética, sino en la persistencia del componente subyacente.
En España, el IPC general ha convergido hacia niveles cercanos al 3 %, pero la subyacente permanece estructuralmente por encima del objetivo del 2 %. Esta divergencia revela tensiones internas en servicios y salarios que no responden únicamente a factores importados.
Descomposición del IPC subyacente y comportamiento reciente
El IPC subyacente excluye energía y alimentos no elaborados, por lo que refleja mejor presiones domésticas. En el caso español, los componentes que más contribuyen a su persistencia son:
Servicios vinculados a hostelería y turismo
Servicios intensivos en mano de obra
Alquileres y vivienda
Determinados bienes industriales no energéticos
Tras las decisiones más recientes del BCE, el crédito al consumo y la financiación empresarial han mostrado desaceleración. Sin embargo, la transmisión a precios finales en servicios ha sido más lenta de lo esperado.
El mercado laboral español, con una tasa de paro descendente pero todavía elevada en términos europeos, ha registrado incrementos salariales superiores al 3–4 % en convenios colectivos recientes. Esa dinámica sostiene la inflación en servicios incluso cuando los costes energéticos se estabilizan.
Transmisión monetaria y rigidez en servicios
Uno de los elementos clave en 2026 es la asimetría en la transmisión monetaria. Mientras sectores dependientes de crédito, como construcción o bienes duraderos, reaccionan con mayor rapidez a tipos altos, los servicios muestran mayor inercia.
En España el peso del sector servicios supera el 70 % del PIB. Esto implica que la inflación subyacente tiene fuerte componente doméstico. La política monetaria europea es común, pero los efectos no son homogéneos entre países.
En economías con menor exposición al turismo, la desinflación subyacente ha sido más rápida. En España, la demanda externa de servicios turísticos ha amortiguado el impacto restrictivo del BCE.
Expectativas de inflación y credibilidad del BCE

Un elemento central es el comportamiento de expectativas a medio plazo. En encuestas a consumidores y empresas, las previsiones inflacionarias en España han convergido progresivamente hacia el entorno del 2–2,5 %, lo que indica que el BCE ha logrado preservar credibilidad.
Sin embargo, las expectativas implícitas en mercados financieros de la eurozona todavía reflejan primas moderadas de inflación estructural por encima del objetivo exacto del 2 %.
La credibilidad del BCE actúa como ancla, pero la persistencia de inflación subyacente en economías como España puede retrasar la convergencia total.
Comparación con el ciclo 2010–2012 y diferencias estructurales
Durante la crisis de deuda soberana, la inflación española cayó rápidamente debido a colapso de demanda interna. El escenario actual es distinto. No existe una contracción profunda, sino una desaceleración ordenada.
El sistema bancario se encuentra capitalizado y la tasa de morosidad es inferior a la registrada tras la crisis financiera. Esto implica que la política monetaria opera en un entorno más estable.
Sin embargo, el endeudamiento público elevado limita el margen fiscal, lo que aumenta la dependencia de la política monetaria como herramienta de estabilización.
Salarios, negociación colectiva y persistencia inflacionaria
En 2026 uno de los focos críticos es la negociación salarial colectiva. Los acuerdos firmados tras el repunte inflacionario incorporaron cláusulas de revisión parcial.
Si los salarios nominales crecen por encima de la productividad, la inflación subyacente puede mantenerse elevada incluso con tipos reales positivos.
España presenta productividad moderada en servicios de bajo valor añadido. Esto dificulta absorber aumentos salariales sin trasladarlos a precios.
Diferencial con la media de la eurozona
La inflación subyacente española históricamente ha oscilado cerca de la media de la eurozona. Sin embargo, en el ciclo post-pandemia mostró mayor volatilidad debido al peso del turismo y al efecto base energético.
En 2026 el diferencial con economías como Alemania o Países Bajos se ha reducido, pero la convergencia no es completa.
El comportamiento del IPC subyacente español dependerá de tres factores clave:
Evolución salarial
Demanda externa de servicios
Ritmo de relajación monetaria del BCE
Escenarios para 2026–2027
Escenario de convergencia
La inflación subyacente desciende gradualmente hacia el 2 % en 2027 gracias a moderación salarial y menor presión en servicios.
Escenario de persistencia
Si los salarios nominales mantienen ritmo elevado y la demanda turística sigue sólida, la subyacente podría estabilizarse en torno al 2,5–3 %.
Escenario restrictivo
Si el BCE retrasa recortes ante inflación resistente, el impacto sobre crédito y consumo podría acelerar desinflación pero a costa de menor crecimiento.
Implicaciones macro y estratégicas
Para analistas macro, la clave no es solo la cifra mensual del IPC, sino la velocidad de convergencia de la subyacente. Este indicador anticipa la trayectoria futura de tipos reales.
Una inflación subyacente persistentemente elevada limitaría el margen del BCE para relajar condiciones financieras. Esto afectaría especialmente a economías con alta deuda pública como España.
En cambio, una convergencia rápida permitiría normalización monetaria más temprana y aliviaría presión sobre financiación soberana.
Conclusión
La evolución del IPC subyacente en España en 2026 refleja tensiones estructurales propias de una economía terciarizada con mercado laboral resiliente.
Las decisiones del Banco Central Europeo han logrado contener la inflación general, pero la dinámica subyacente muestra mayor inercia.
El verdadero test para la política monetaria no será el dato puntual mensual, sino la consolidación de expectativas y la capacidad de moderar presiones salariales sin inducir una desaceleración excesiva del crecimiento.



