México: dependencia de ingresos petroleros y riesgo presupuestario ante una caída prolongada del crudo en 2026

En 2026 la estructura fiscal de México continúa mostrando una dependencia relevante de los ingresos petroleros, aunque menor que en décadas anteriores. A pesar del crecimiento manufacturero asociado al nearshoring y la expansión de la base tributaria no petrolera, los ingresos vinculados a hidrocarburos siguen desempeñando un papel determinante en la estabilidad presupuestaria federal.

El presupuesto mexicano incorpora ingresos provenientes de la empresa estatal Petróleos Mexicanos y de derechos sobre extracción y exportación de crudo. Cuando el precio internacional del petróleo se mantiene elevado, el margen fiscal mejora y se reduce presión sobre déficit. Sin embargo, una caída prolongada del crudo introduce riesgos significativos para la sostenibilidad presupuestaria.

La volatilidad del precio internacional convierte al petróleo en una fuente de ingresos cíclica y difícilmente predecible.

Elasticidad fiscal frente al precio del crudo

El impacto presupuestario de una caída del petróleo depende de tres factores:

  • Nivel de producción nacional
  • Precio promedio de exportación
  • Coberturas financieras contratadas por el gobierno

México ha utilizado históricamente coberturas petroleras para proteger parcialmente los ingresos ante desplomes de precios. Sin embargo, estas coberturas son temporales y no sustituyen ajustes estructurales si la caída es prolongada.

Una disminución sostenida del precio del crudo reduce ingresos del gobierno federal y presiona el balance primario. En ausencia de aumento compensatorio en recaudación tributaria, el déficit fiscal puede ampliarse.

Interacción con deuda pública y coste de financiamiento

El riesgo presupuestario no se limita a menor ingreso inmediato. Los mercados financieros reaccionan anticipadamente ante deterioros fiscales proyectados. Si los inversionistas perciben mayor vulnerabilidad, el spread soberano puede ampliarse y encarecer el coste de refinanciación de deuda.

Este mecanismo ya fue observado en otros países de la región, como Colombia tras debates sobre reforma tributaria y sostenibilidad de ingresos estructurales. En el caso mexicano, la combinación de dependencia petrolera y presión de gasto social puede amplificar sensibilidad del mercado ante choques externos.

El nivel de deuda pública mexicana se mantiene moderado en términos comparativos, pero su trayectoria futura es determinante para la percepción de riesgo.

Petróleo, tipo de cambio y equilibrio externo

Una caída significativa del precio del crudo no solo afecta el presupuesto, sino también la balanza comercial energética. Aunque México importa parte de los combustibles refinados, las exportaciones de crudo siguen siendo relevantes para el ingreso de divisas.

Una reducción de ingresos petroleros puede presionar el tipo de cambio si coincide con salida de capitales o desaceleración en otros flujos, como remesas o inversión extranjera directa.

En el análisis sobre la correlación entre remesas récord y fortaleza del peso se señalaba que el flujo de dólares familiares actúa como amortiguador externo. Si el petróleo cae pero las remesas se mantienen fuertes, el impacto cambiario podría ser contenido.

Rol de Pemex y contingencias fiscales

La situación financiera de Pemex es un factor adicional. La empresa estatal enfrenta elevados niveles de endeudamiento y necesidades recurrentes de apoyo gubernamental. En un entorno de precios bajos, la capacidad de generación de flujo de caja de Pemex se reduce, aumentando la probabilidad de transferencias fiscales adicionales.

Este vínculo convierte al petróleo en riesgo doble: menor ingreso tributario y potencial aumento de gasto contingente.

El mercado evalúa no solo ingresos brutos por exportaciones, sino también la salud financiera de la empresa estatal y su impacto sobre las cuentas públicas consolidadas.

Diversificación tributaria y margen de ajuste

Uno de los avances estructurales de México en las últimas décadas ha sido la ampliación de la recaudación no petrolera mediante IVA e ISR. Esta diversificación reduce vulnerabilidad comparada con periodos históricos donde el petróleo representaba proporción dominante de ingresos.

Sin embargo, el margen de maniobra para aumentar impuestos en 2026 puede estar limitado por contexto político y económico. Ajustes tributarios estructurales requieren consenso legislativo y estabilidad macro.

La alternativa ante caída prolongada del crudo sería combinar reducción de gasto discrecional con mayor endeudamiento temporal.

Comparación regional

En comparación con Perú, cuya regla fiscal y menor dependencia petrolera reducen vulnerabilidad externa, México presenta mayor exposición directa al ciclo energético.

Colombia también enfrenta sensibilidad por exportaciones de hidrocarburos, aunque su estructura de ingresos ha evolucionado en los últimos años.

Argentina, por su parte, posee producción energética relevante, pero su problema fiscal responde más a desequilibrios estructurales que a dependencia exclusiva del petróleo.

México se encuentra en un punto intermedio: diversificado, pero aún expuesto.

Escenarios 2026–2028

Escenario base
El precio del crudo se mantiene en niveles estables y el presupuesto cumple metas sin ajustes abruptos.

Escenario de caída moderada
Las coberturas amortiguan el impacto inicial, pero el déficit aumenta ligeramente y se incrementa necesidad de financiamiento.

Escenario adverso prolongado
Caída sostenida de precios obliga a ajuste fiscal más profundo o a incremento relevante de deuda pública.

Implicaciones para calificación crediticia

Las agencias de rating evalúan sostenibilidad de ingresos estructurales y pasivos contingentes. Un deterioro prolongado del precio del petróleo podría afectar perspectiva crediticia si no se compensa con disciplina fiscal o reformas estructurales.

La estabilidad de la calificación es crucial para mantener acceso favorable a mercados internacionales de capital.

Conclusión estratégica

La dependencia parcial de ingresos petroleros en México en 2026 constituye un riesgo presupuestario latente ante escenarios de caída prolongada del crudo. Aunque la economía ha avanzado en diversificación tributaria y fortalecimiento manufacturero, el petróleo sigue siendo variable crítica para equilibrio fiscal.

La clave no reside únicamente en el nivel actual del precio internacional, sino en la capacidad institucional para absorber shocks mediante coberturas, ajustes prudentes y disciplina presupuestaria.

Mientras el marco fiscal mantenga credibilidad y la deuda permanezca en trayectoria sostenible, el riesgo puede ser gestionable. Sin embargo, una combinación de precios bajos, presión sobre Pemex y desaceleración externa podría amplificar vulnerabilidades estructurales.

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