México: inflación de servicios vs inflación de bienes — divergencia estructural post-pandemia en 2026

En 2026 la dinámica inflacionaria en México presenta una divergencia cada vez más clara entre inflación de bienes y de servicios, fenómeno que redefine el análisis tradicional del proceso desinflacionario. Mientras los bienes muestran una desaceleración sostenida tras la normalización de cadenas globales de suministro y la moderación de costos logísticos, los servicios mantienen una resistencia estructural que complica la convergencia plena hacia el objetivo del banco central.

El diferencial no es meramente coyuntural. Refleja un cambio en la estructura de la demanda post-pandemia, donde el consumo se desplazó desde bienes duraderos hacia experiencias y servicios presenciales. Este cambio, combinado con un mercado laboral ajustado y presiones salariales acumuladas, genera un núcleo inflacionario más rígido.

El análisis debe centrarse en si esta divergencia es transitoria o representa un cambio estructural en la formación de precios mexicana.

Bienes: normalización y competencia internacional

La inflación de bienes en México se ha moderado gracias a la estabilización de costos internacionales y al fortalecimiento del peso frente al dólar en determinados tramos recientes. La apreciación cambiaria reduce el costo de importaciones intermedias y bienes finales, moderando presiones en categorías como electrónicos, textiles y bienes de consumo duradero.

Además, la integración manufacturera bajo acuerdos comerciales regionales ha permitido a México beneficiarse de cadenas de valor más estables. El efecto del nearshoring sobre el PIB manufacturero en el norte del país no solo impulsa crecimiento, sino que mejora eficiencia logística, reduciendo ciertos costos internos.

Este entorno favorece una desaceleración más rápida en bienes que en servicios.

Servicios: presión salarial y rigidez estructural

A diferencia de los bienes, los servicios dependen intensamente del costo laboral doméstico. En un contexto de aumentos consecutivos del salario mínimo y fortalecimiento del empleo formal, los costos de operación en sectores como restaurantes, transporte urbano, educación privada y turismo han mostrado persistencia al alza.

La inflación de servicios tiende a ser menos volátil pero más persistente, ya que incorpora ajustes salariales anuales y revisiones contractuales que se trasladan gradualmente a precios finales. Este fenómeno genera una inercia que dificulta la convergencia rápida del componente subyacente.

El dilema para el Banco de México radica en calibrar recortes de tasa sin desanclar expectativas cuando el componente más rígido aún no converge completamente.

Mercado laboral como variable clave

La fortaleza del mercado laboral mexicano en 2026 es uno de los principales determinantes de la persistencia en servicios. La tasa de desempleo relativamente baja y la formalización creciente sostienen demanda interna, lo que reduce presión competitiva en precios.

Este patrón contrasta con economías donde el enfriamiento laboral aceleró la desinflación en servicios. En México, el dinamismo industrial y las remesas elevadas han mantenido poder adquisitivo agregado, reforzando la demanda por servicios domésticos.

En el análisis sobre la correlación entre remesas récord y fortaleza del peso se evidenciaba que los flujos externos apoyan consumo interno, lo que indirectamente sostiene presión en sectores no transables.

Política monetaria y asimetría de transmisión

La política monetaria impacta de forma más directa en bienes sensibles a crédito, como automóviles y electrodomésticos, que en servicios básicos o presenciales. Por ello, incluso con tasas reales positivas durante parte del ciclo restrictivo, la desaceleración en servicios ha sido gradual.

La transmisión monetaria no elimina presiones salariales si el mercado laboral permanece tensionado. Esto obliga al banco central a mantener un sesgo prudente en su estrategia de flexibilización.

En comparación con Colombia, donde el crédito hipotecario reaccionó con mayor intensidad al endurecimiento monetario, México presenta una estructura inflacionaria más segmentada, donde servicios dominan la persistencia.

Expectativas y credibilidad

La divergencia entre bienes y servicios también influye en expectativas inflacionarias. Si los hogares observan desaceleración en bienes pero continúan percibiendo aumentos en servicios cotidianos, la percepción de inflación puede mantenerse elevada incluso si el índice general converge.

La credibilidad del banco central es crucial para evitar que esta percepción se traduzca en demandas salariales adicionales que refuercen la inercia.

México parte con ventaja relativa frente a economías con historial inflacionario más volátil, pero la persistencia en servicios representa un desafío técnico relevante.

Comparación con otras economías latinoamericanas

Perú ha mostrado una convergencia más rápida en inflación total gracias a estabilidad cambiaria y menor presión salarial estructural. Argentina, en contraste, enfrenta dinámicas completamente distintas debido a liberalización de precios y transición monetaria.

México se sitúa en una posición intermedia, donde la estabilidad institucional coexiste con un mercado laboral dinámico que prolonga la inflación de servicios.

Escenarios 2026–2027

Escenario base
La inflación de bienes continúa moderándose y la de servicios desacelera gradualmente conforme los aumentos salariales pierden impulso real.

Escenario de persistencia
El dinamismo laboral mantiene presión en servicios y retrasa convergencia plena al objetivo.

Escenario de enfriamiento abrupto
Una desaceleración externa significativa reduce empleo industrial y modera presión salarial, acelerando convergencia.

Implicaciones estratégicas

La divergencia estructural entre bienes y servicios redefine la lectura de datos inflacionarios en México. No basta con observar el índice general; es necesario analizar la composición interna y la evolución del componente subyacente de servicios.

Mientras la inflación de bienes responde a factores externos y logísticos, la de servicios depende de variables domésticas como salarios, demanda interna y expectativas. Esta diferencia implica que el proceso desinflacionario puede ser más lento y escalonado.

Conclusión estratégica

En 2026 México enfrenta una fase avanzada de desinflación en bienes, pero con persistencia estructural en servicios que condiciona decisiones de política monetaria. La divergencia no implica fracaso del proceso, sino transición hacia una etapa donde la inflación está más vinculada al mercado laboral que a shocks externos.

La convergencia plena dependerá de la moderación gradual de presiones salariales sin comprometer el dinamismo productivo. La habilidad del banco central para equilibrar crecimiento y estabilidad de precios determinará la duración de esta divergencia.

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