La resaca de las tasas altas: BanRep no suelta el freno
El ciclo 2024‑2025 dejó a Colombia con una economía que ya no aguanta más crédito caro, pero un BanRep que sigue anclado en tasas de doble dígito o muy cerca de ellas, con reuniones que se mueven entre el 9,25% y subidas hacia el rango 10%‑10,25% en 2026 según analistas y decisiones recientes. La narrativa de “ya empezó el recorte” se rompió: la inflación y el salario mínimo altos forzaron al Emisor a frenar los recortes e incluso volver a subir, manteniendo la tasa de intervención en terreno claramente restrictivo y encareciendo el fondeo bancario.
Con un costo de dinero estructuralmente elevado, el crédito nuevo se ralentiza, el refinanciamiento se encarece y los hogares más apalancados empiezan a mostrar fatiga de pago, sobre todo en consumo y microcrédito. Para 2026, el escenario base del mercado es de tasas aún altas (proyecciones cercanas o incluso por encima del 10% para el cierre del año), lo que implica que la “resaca” de este ciclo no se mide en crecimiento del PIB, sino en deterioro gradual de los balances de bancos y deudores.
Bancolombia (CIB) y Grupo Aval: la batalla por el NIM en modo defensa
En este entorno, Bancolombia (NYSE: CIB) ya venía mostrando el patrón típico de banca en compresión: NIM todavía atractivo sobre cartera (~7% en 1T25), pero con tendencia a la baja frente al año anterior y presionado por el costo de fondeo y la mezcla de activos. La caída de la cartera neta de crédito en 2025 (del orden de 7,5% interanual) implica que CIB no está creciendo volumen para compensar márgenes; por el contrario, está aceptando menor tamaño de balance y priorizando calidad y capital, lo que limita el upside de utilidades en un rebote cíclico.
El problema no es solo de margen, sino de provisiones: en 1T25, los cargos por provisiones netas aumentaron cerca de 18% frente al trimestre anterior, con una cartera vencida alrededor de 4,6% (30 días) y más de 3% a 90 días, en un contexto donde el sistema ya muestra morosidad de consumo cercana al 7% y microcrédito cercano al 9%. En otras palabras, el “spread fácil” de altas tasas sobre activos productivos se está diluyendo porque el costo de riesgo se come un trozo cada vez más grande del NIM: más mora en consumo, más provisión en microcrédito y segmentos de baja garantía, y menos capacidad para traducir el alto nivel de tasas en ROE sostenible.
Grupo Aval enfrenta una ecuación similar, pero con más exposición relativa a consumo masivo y pymes en algunos de sus bancos, lo que amplifica la sensibilidad a la mora de los segmentos de mayor yield pero menor colateral. En un escenario de NPLs de consumo en 5,5%‑6% “headline” para 2026 (y lecturas oficiales ya rozando 6,9% en 2025), cada punto adicional de deterioro en la cartera obliga a provisionar más, comprimiendo el ROE justo cuando el mercado quiere ver normalización de ganancias.
Construcción en cuidados intensivos: del crédito hipotecario a la bolsa de cemento
La transmisión al sector real es más clara en construcción: con tasas de referencia cercanas a 10% y spreads bancarios todavía altos, el crédito hipotecario pierde tracción, se aplaza la compra de vivienda y las preventas caen. Esto golpea el flujo de caja de las constructoras y retrasa nuevos lanzamientos, lo que reduce la demanda de cemento y concreto de jugadores como Cementos Argos y Cemex en Colombia, pese a que a nivel consolidado Argos reporta márgenes históricamente sólidos y se apalanca en otros mercados y proyectos de infraestructura.
En el PIB de edificaciones, la foto de 2026 es de estancamiento: el pipeline de proyectos existe, pero el cierre financiero es más difícil y el comprador final se enfrenta a cuotas hipotecarias que no encajan con su ingreso. El resultado es un sector constructor en “cuidados intensivos”: preventas débiles, rotación de inventario lenta y mayor probabilidad de estrés de liquidez en desarrolladores medianos, lo que a su vez retroalimenta el riesgo crediticio en los bancos con exposiciones a constructores y proyectos de vivienda.

Geografía del riesgo: Bogotá, Antioquia y la periferia crediticia
El riesgo no está distribuido de forma homogénea: Bogotá y Antioquia concentran buena parte del crédito corporativo y comercial, incluidos los grandes clientes de Bancolombia y el resto del sistema, por lo que cualquier enfriamiento en inversión y construcción corporativa pega directamente en la cartera comercial. En estas regiones, el riesgo clave es de refinanciamiento y renegociación de créditos grandes con márgenes ajustados y covenants financieros más tensos, pero con mejor acceso a banca múltiple y soluciones estructuradas.
Las regiones agrícolas y rurales, más dependientes de banca estatal, cooperativas y microfinanzas, sufren por otro canal: allí el microcrédito ya exhibe tasas de mora cercanas al 9% y una población particularmente sensible a choques de ingreso y clima, con menos redes de seguridad. El resultado es una geografía del riesgo fragmentada: grandes centros urbanos luchan con proyectos detenidos y spreads apretados, mientras la periferia enfrenta deterioro social y crediticio que puede traducirse en mayores castigos y presión regulatoria sobre entidades especializadas.
Opinión hoybolsa.com: ¿comprar el “dip” en bancos colombianos o esperar más dolor?
El caso de inversión en acciones bancarias colombianas en 2026 es una pelea abierta entre valuación y riesgo de impago. CIB y sus pares llegan a este punto con NIM todavía razonable, niveles de cobertura de cartera vencida superiores al 100% y cierta disciplina en crecimiento de crédito, pero con señales claras de que las provisiones seguirán altas mientras la tasa de intervención se mantenga en torno a 10% y el sistema acumule mora de consumo en el rango 5,5%‑6% y microcrédito cercano al 9%.
Nuestra lectura táctica es que el “dip” en bancos colombianos empieza a ser interesante para horizontes de 24‑36 meses, pero solo para carteras capaces de tolerar volatilidad y un escenario donde BanRep tarde más de lo esperado en normalizar tasas. A niveles actuales de riesgo, tiene sentido construir posición gradual en CIB y los nombres mejor capitalizados, evitando exposición excesiva a entidades con alta concentración en microcrédito y consumo no garantizado, y manteniendo un ojo muy atento en tres variables: trayectoria de la tasa de intervención, evolución trimestral de NPLs en consumo/microcrédito y salud de la preventa en vivienda.



