Perú: recuperación del PIB tras el fenómeno de El Niño y su efecto en el sector agroexportador en 2026

En 2026 la economía de Perú se encuentra en fase de recuperación tras el impacto adverso del fenómeno de El Niño ocurrido en ciclos anteriores. El shock climático afectó significativamente producción agrícola, infraestructura vial, pesca y logística exportadora, generando una contracción puntual del PIB y alteraciones en la balanza comercial.

El Niño no es simplemente un evento meteorológico; en economías con alta dependencia de recursos naturales, se convierte en un shock de oferta con efectos macroeconómicos directos. La reducción de producción agroexportadora afectó volúmenes exportados y encareció ciertos alimentos internos, impactando simultáneamente crecimiento e inflación.

La recuperación en 2026 no responde únicamente a rebote estadístico, sino a un proceso de recomposición productiva y mejora de condiciones externas.

Composición sectorial de la recuperación

El PIB peruano muestra una estructura donde minería, agroexportación y servicios representan pilares fundamentales. Tras el evento climático, el sector agroexportador sufrió pérdidas en cultivos de alto valor como arándanos, uvas y espárragos.

En 2026, la normalización de condiciones climáticas ha permitido recuperar hectáreas productivas y restablecer rendimientos promedio por cultivo. Este efecto tiene un componente base estadístico, pero también refleja inversión en resiliencia agrícola y mejoras en sistemas de riego.

El sector minero, por su parte, ha actuado como amortiguador parcial del shock, sosteniendo ingresos externos durante la fase más crítica.

Agroexportación como motor de divisas

El sector agroexportador peruano se ha consolidado en la última década como generador relevante de divisas y empleo formal. A diferencia de la minería, que presenta alta concentración empresarial, la agroindustria involucra mayor número de empresas medianas y grandes con fuerte integración logística.

La recuperación de volúmenes exportados en 2026 ha tenido efectos positivos en balanza comercial y en acumulación de reservas internacionales, reforzando estabilidad cambiaria. Este punto conecta con el análisis previo sobre la estabilidad del sol frente a recortes monetarios, donde se señalaba que el superávit comercial actúa como ancla externa.

La mejora de exportaciones agrícolas no solo impulsa PIB directo, sino que fortalece percepción de solvencia externa.

Efecto multiplicador interno

El agroexportador tiene efectos indirectos significativos sobre transporte, almacenamiento, empaques y servicios financieros asociados. La reactivación productiva genera un multiplicador interno que amplifica el impacto sobre crecimiento agregado.

En regiones costeras altamente dependientes de agroindustria, la recuperación de cultivos ha permitido recomponer empleo formal y dinamizar consumo regional. Este fenómeno contribuye a estabilizar demanda interna sin necesidad de estímulos fiscales extraordinarios.

Infraestructura y resiliencia productiva

Uno de los aprendizajes estructurales tras el fenómeno climático ha sido la necesidad de reforzar infraestructura hidráulica y logística. En 2026 se observa mayor inversión en sistemas de drenaje, canales de riego y carreteras rurales.

Esta inversión no solo mitiga riesgos futuros, sino que eleva productividad potencial del sector. La mejora en eficiencia logística reduce tiempos de exportación y costos operativos, incrementando competitividad internacional.

Si estas inversiones se mantienen, el sector podría no solo recuperar niveles previos al shock, sino superarlos estructuralmente.

Comparación regional

En comparación con Colombia, cuya recuperación depende en mayor medida del sector minero-energético, Perú presenta una diversificación más equilibrada entre minería y agroexportación.

México, por su parte, muestra mayor dependencia manufacturera vinculada a nearshoring, mientras que Perú conserva especialización primaria con creciente sofisticación tecnológica agrícola.

La resiliencia peruana tras un shock climático demuestra que la diversificación dentro del sector primario puede actuar como mecanismo de estabilización macro.

Riesgos persistentes

A pesar de la recuperación, existen riesgos latentes:

Vulnerabilidad climática estructural
El cambio climático incrementa probabilidad de eventos extremos recurrentes.

Dependencia de precios internacionales
Los ingresos agrícolas dependen de demanda externa y precios globales.

Restricciones logísticas
Puertos y carreteras siguen siendo cuellos de botella potenciales.

La sostenibilidad del rebote dependerá de la capacidad del país para institucionalizar políticas de prevención y adaptación.

Proyecciones 2026–2027

Escenario base
La normalización climática y continuidad de inversión permiten crecimiento moderado sostenido del sector agroexportador.

Escenario optimista
Mejora adicional de precios internacionales y expansión de mercados asiáticos impulsa exportaciones por encima de niveles históricos.

Escenario adverso
Nuevo evento climático o caída de precios internacionales limita consolidación de recuperación.

Implicaciones macroeconómicas

La recuperación del agroexportador tiene tres implicaciones clave:

Primero, mejora del saldo externo y fortalecimiento del tipo de cambio.
Segundo, mayor estabilidad fiscal vía mayores ingresos tributarios indirectos.
Tercero, reducción de presión social en regiones rurales afectadas previamente.

Estas variables interactúan positivamente con la credibilidad macro del país, como se discutió en el análisis sobre regla fiscal peruana, reforzando la percepción de estabilidad institucional.

Conclusión estratégica

La recuperación del PIB peruano en 2026 tras el fenómeno de El Niño no debe interpretarse únicamente como rebote técnico. La recomposición del sector agroexportador evidencia una capacidad de adaptación productiva que fortalece el perfil macroeconómico del país.

Si las inversiones en infraestructura y resiliencia se mantienen, Perú podría convertir un shock climático en catalizador de modernización sectorial. La combinación de estabilidad fiscal, superávit externo y mejora productiva posiciona al país en una situación relativamente sólida dentro del contexto latinoamericano.

La clave será transformar esta recuperación coyuntural en crecimiento estructural sostenible.

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