En 2026 la economía de Colombia enfrenta una fase de moderación del crédito bancario tras el ciclo de endurecimiento monetario aplicado por el Banco de la República. Aunque la inflación ha comenzado a ceder respecto a los máximos alcanzados en 2023–2024, el efecto rezagado de tasas elevadas continúa afectando la dinámica del financiamiento a hogares y empresas, con implicaciones directas sobre la actividad económica regional.
El crédito bancario en Colombia no solo financia consumo y vivienda, sino que constituye el principal canal de capital de trabajo para pequeñas y medianas empresas en sectores comercio, construcción y servicios. Cuando la expansión crediticia se desacelera, el impacto no es uniforme: regiones con mayor densidad empresarial y dependencia del financiamiento formal tienden a experimentar una contracción más visible en su actividad.
En ciudades como Bogotá y Medellín, donde la intermediación financiera es profunda y el tejido empresarial es amplio, la desaceleración crediticia se traduce en menor dinamismo en comercio minorista, inversión inmobiliaria y emprendimientos tecnológicos. En regiones con menor bancarización, el impacto puede ser menos inmediato pero más persistente debido a la limitada disponibilidad de fuentes alternativas de financiamiento.
Canal de transmisión: tasas reales y condiciones de otorgamiento
La reducción en el ritmo de crecimiento del crédito responde a dos factores principales. En primer lugar, el incremento de tasas de interés elevó el costo del financiamiento para hogares y empresas, reduciendo la demanda de nuevos préstamos. En segundo lugar, los bancos endurecieron estándares de otorgamiento ante el aumento del riesgo percibido y la desaceleración económica.
Este endurecimiento no solo implica tasas más altas, sino mayores requisitos de garantías y evaluación de solvencia. La consecuencia es una restricción crediticia que afecta especialmente a empresas medianas con menor acceso a mercados de capitales.
En el análisis previo sobre la transmisión de la política monetaria al crédito hipotecario colombiano se señalaba que el impacto monetario tiene rezagos significativos. En 2026 esos rezagos siguen operando, lo que explica por qué la actividad económica no se recupera automáticamente tras los primeros recortes de tasas.
Impacto sectorial diferenciado
La desaceleración del crédito no afecta de igual forma a todos los sectores. La construcción es particularmente sensible debido a su alta dependencia de financiamiento tanto para promotores como para compradores. La menor originación hipotecaria reduce la demanda de vivienda nueva y ralentiza proyectos inmobiliarios, afectando empleo urbano.
El comercio minorista también experimenta efectos relevantes, especialmente en bienes duraderos financiados mediante crédito de consumo. La caída en aprobación de préstamos personales reduce ventas de vehículos, electrodomésticos y tecnología.
En contraste, sectores exportadores vinculados a energía y minería muestran menor dependencia directa del crédito doméstico, ya que financian parte de su operación con ingresos en divisas. Esto conecta con el análisis sobre la balanza comercial energética colombiana, donde se destacó el rol del sector externo como amortiguador parcial del ciclo interno.

Dimensión regional del fenómeno
La heterogeneidad regional es clave para entender el impacto agregado. Departamentos con mayor concentración industrial y urbana enfrentan ajustes más rápidos, mientras que economías locales más diversificadas o con mayor informalidad muestran resiliencia relativa en el corto plazo.
Sin embargo, la menor expansión del crédito puede profundizar brechas territoriales si la recuperación se concentra en polos específicos. Las regiones con mayor inversión extranjera directa o proyectos extractivos podrían sostener dinamismo, mientras que aquellas dependientes de comercio interno podrían quedar rezagadas.
Calidad de cartera y estabilidad financiera
Un elemento adicional es la evolución de la cartera vencida. Durante el pico del ciclo restrictivo, la morosidad mostró incrementos moderados pero controlados. En 2026, el desafío es evitar un deterioro prolongado que obligue a provisiones adicionales y reduzca aún más la capacidad de otorgamiento de nuevos créditos.
La estabilidad del sistema financiero colombiano ha sido históricamente sólida, pero el entorno macroeconómico exige prudencia. Un aumento significativo de impagos podría generar círculo contractivo entre restricción crediticia y desaceleración económica.
Comparación regional
En comparación con México, donde el dinamismo manufacturero vinculado al nearshoring ha compensado parcialmente la desaceleración financiera, Colombia depende en mayor medida del crédito interno para sostener consumo y construcción.
Perú, por su parte, ha experimentado una recuperación agrícola y minera que fortalece su balanza externa, lo que reduce presión sobre financiamiento doméstico. Colombia enfrenta un equilibrio más delicado entre sector externo y ciclo crediticio interno.
Perspectivas 2026–2027
El escenario base contempla una recuperación gradual del crédito conforme la inflación converge y las tasas reales se moderan. Sin embargo, el repunte no será inmediato debido al rezago acumulado y a la cautela bancaria.
Un escenario de recuperación acelerada requeriría estabilidad cambiaria, reducción sostenida de inflación y mejora en expectativas empresariales. Por el contrario, un deterioro externo o caída de precios energéticos podría prolongar la desaceleración.
Implicaciones macroeconómicas
La desaceleración crediticia no implica necesariamente recesión, pero sí menor potencial de crecimiento en el corto plazo. La política económica deberá equilibrar estímulos selectivos con prudencia financiera para evitar riesgos sistémicos.
Si el crédito comienza a expandirse nuevamente de manera sostenible hacia finales de 2026, podría convertirse en motor de reactivación regional. De lo contrario, la economía dependerá en mayor medida del sector externo para sostener el crecimiento agregado.
Conclusión estratégica
La desaceleración del crédito bancario en Colombia en 2026 constituye uno de los factores centrales que explican la moderación de la actividad económica regional. El impacto no es homogéneo y depende de la estructura productiva y grado de bancarización de cada territorio.
La clave para la recuperación reside en la convergencia inflacionaria, la estabilidad financiera y la restauración de confianza empresarial. Mientras estos elementos se consoliden, el crédito podrá retomar su función como motor de inversión y consumo. En ausencia de esa convergencia, la economía colombiana continuará operando por debajo de su potencial, con brechas regionales más marcadas.



